
y van para 12 +1 los años que nos conocemos y en este tiempo algunos no hemos quedado sin pelo, hemos cogido algún kilo de mas, los hijos nos van haciendo viejos y las obligaciones no nos dan respiro, pero en la retina todavía quedan aquellas imágenes de aquellos treintañeros a los que no les importaba dormir en el suelo (creo que tarde unos cuentos día en acostumbrarme al colchón a la vuelta), cargar a diario la casa y la despensa, descargarla y por si no teníamos poco pegarnos palizas como la del Gran Cañon.
No se me olvidará nunca la cara de Jose Luis cuando llegó de vuelta contigo.
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